Inicio > Noticias > 7 formas absurdas de cargarte una obra de arte

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Cuando pensamos en un siniestro relacionado con una obra de arte, nuestra imaginación suele ponerse bastante cinematográfica: ladrones profesionales, sofisticados sistemas de seguridad, incendios devastadores…

Pero la realidad suele ser bastante menos glamurosa.

Una copa de vino, una mudanza, una señora de la limpieza demasiado entusiasta o incluso nuestro adorable gato pueden convertirse en enemigos inesperados del patrimonio artístico.

Porque para provocar un desastre artístico no siempre hace falta ser un ladrón de guante blanco. A veces basta con tener un mal día.

Hoy en ArteSeguro repasamos algunas situaciones que podrían acabar bastante mal.

1. “Ese cuadro está torcido. Yo lo arreglo”

Parece fácil.

Una silla, un pequeño empujón hacia la izquierda y listo.

Hasta que el cuadro decide que ha pasado suficiente tiempo en la pared y termina en el suelo.

Moraleja artística: si la obra tiene cierto valor, manipularla correctamente también forma parte de su conservación.

Y no, subirse a una silla giratoria tampoco mejora el procedimiento.

2. La mudanza del “tranquilo, que yo tengo una furgoneta”

Pocas frases deberían preocupar más a un coleccionista.

Transportar una obra no consiste simplemente en envolverla con una manta y colocarla entre el sofá y las cajas de libros.

Golpes, vibraciones, cambios de temperatura, humedad o un embalaje inadecuado pueden provocar daños durante un traslado aparentemente sencillo.

Para determinadas piezas existen embalajes, transportistas y seguros especializados.

La manta de cuadros de la abuela puede ser maravillosa, pero quizá no sea el sistema de protección ideal.

3. “Le paso un poquito el plumero”

El polvo aparece.

Y nuestra primera reacción es lógica: limpiarlo.

El problema llega cuando decidimos utilizar un producto de limpieza, un paño húmedo o cualquier remedio doméstico sobre una obra cuya superficie necesita unas condiciones específicas.

Una buena intención puede terminar en una llamada urgente a un restaurador.

Con determinadas obras, no hacer nada hasta consultar a un profesional puede ser la mejor decisión.

4. Tu gato también es crítico de arte

Hay personas que observan una obra durante minutos buscando su significado.

Los gatos prefieren interactuar directamente con ella.

Una escultura parece un magnífico obstáculo sobre el que saltar. Un lienzo puede resultar muy interesante para investigar con las patas. Y una pieza colocada estratégicamente en el borde de una mesa representa, sencillamente, una provocación.

Los animales forman parte de nuestras casas. Y los accidentes domésticos, también.

5. La copa de vino que quería formar parte de la exposición

Cena en casa.

Amigos.

Conversación animada.

Alguien gesticula con entusiasmo y…

???? + ????️ = ????

No hace falta continuar con la ecuación.

Los daños accidentales son precisamente uno de esos riesgos que demuestran que las amenazas para una obra no siempre llegan desde el exterior.

A veces están sentadas cenando a nuestro lado.

6. El bricolaje creativo

Tenemos una escultura preciosa.

Y justo encima decidimos instalar una estantería.

Taladro, tornillos, martillo…

¿Qué podría salir mal?

La respuesta es suficientemente larga como para merecer otra entrada en el blog.

Cuando realizamos obras, reformas o simplemente cambiamos la decoración de una estancia, retirar o proteger previamente las piezas de valor puede evitarnos un disgusto considerable.

7. “No pasa nada, son solo cinco minutos”

Probablemente sea una de las frases más peligrosas del mundo.

Dejar una obra apoyada provisionalmente en una pared, colocarla momentáneamente junto a una ventana, transportarla sin protección porque “está aquí al lado”…

Muchos accidentes ocurren precisamente durante esas situaciones temporales.

Cinco minutos son más que suficientes para que Murphy haga su trabajo.

Y entonces llega la pregunta: ¿esto lo cubre mi seguro?

Aquí termina la parte divertida.

Porque cuando ocurre un accidente con una obra de arte, empiezan las preguntas importantes.

¿La pieza estaba declarada? ¿Cuál era su valor asegurado? ¿La póliza contempla daños accidentales? ¿Estaba cubierta durante el traslado? ¿Quién debe realizar la restauración? ¿Ha perdido valor después del daño?

Y ahí es donde contar con un seguro especializado en arte puede marcar la diferencia.

El arte está para disfrutarlo, no para vivir con miedo

Tener una obra de arte en casa no significa convertir el salón en un museo donde nadie puede tocar nada.

Precisamente lo maravilloso del coleccionismo es convivir con las piezas, disfrutarlas y hacerlas formar parte de nuestra vida.

Pero los accidentes existen.

Y como no podemos prohibir las cenas, las mudanzas, los gatos ni a ese familiar que insiste en que “él sabe colgar cuadros perfectamente”, lo que sí podemos hacer es contar con una protección adecuada.

En ArteSeguro sabemos que cada obra es única.

Los accidentes, en cambio, tienen una imaginación infinita.

Y para eso, mejor estar preparados.

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